Anoche cerré el cuaderno sintiéndome un poco dramática, pero hoy pasó algo raro. Me desperté esperando la misma rutina gris de siempre y, aunque no apareció ningún genio, me di cuenta de que mis "deseos imposibles" tienen unas versiones bastante reales (y un poco menos mágicas) si prestas atención.
Aquí está lo que aprendí sobre mis imposibles de ayer:
La "pausa" no es un botón, es un momento
Hoy, en el descanso entre clases, me puse los audífonos y puse esa canción que me hace sentir que estoy en una película. Cerré los ojos solo tres minutos. No detuve el reloj del mundo, pero detuve el mío. Me di cuenta de que la pausa no llega sola, tengo que robársela al día. Fue un pequeño "glitch" en el sistema que me devolvió el aire.
El traductor de pensamientos se llama "valentía"
Pasé por el pasillo y vi a Sofía con la misma cara de cansancio que yo sentía anoche. En lugar de soltar el típico "¿cómo estás?" automático, le dije: "Oye, hoy todo se siente un poco pesado, ¿verdad?". Ella suspiró, se rió y me dijo: "No tienes idea". No necesité telepatía; solo necesité decir la verdad primero para que ella pudiera decir la suya. La conexión real no es magia, es dejar de fingir.
Mi lugar seguro está en mis manos
A falta de teletransportación a una isla desierta, decidí que mi "lugar seguro" iba a ser mi rincón del cuarto con mis luces led y mi libro favorito. Entendí que escapar no siempre significa irse lejos, sino saber volver a uno mismo. No aparecí en una playa, pero por un rato, el ruido de afuera dejó de importar tanto.
Supongo que la vida no se trata de esperar a que lo imposible pase, sino de hackear la realidad con lo que tenemos a mano. Sigo queriendo la lámpara mágica (obvio), pero por hoy, estos "mini-milagros" me sirven para seguir adelante.
Me he dado cuenta de algo que me vuela un poco la cabeza: pasamos tanto tiempo mirando al cielo esperando un milagro, que se nos olvida que nosotros somos los que tenemos las manos puestas sobre el volante.
El deseo que sí se cumplió: El Control
Al final, entendí que no necesito un botón de pausa, ni telepatía, ni teletransportación. Lo que realmente buscaba con esos deseos era control. Control sobre mi tiempo, sobre mis relaciones y sobre mi paz mental. Y aunque no puedo cambiar las leyes de la física, sí puedo cambiar cómo reacciono a lo que me pasa.
Decidí que no voy a esperar a que el mundo se detenga para descansar, ni voy a esperar a que los demás me adivinen el pensamiento para hablar. Voy a ser yo la que cree esos espacios.
Si algo aprendí estos días, es que la magia no es algo que te sucede, es algo que tú haces que pase.
A veces, pedir un imposible es solo la forma que tiene nuestro corazón de decirnos qué es lo que nos falta. No necesitamos una lámpara mágica para cambiar nuestra realidad; necesitamos la curiosidad para ver las oportunidades que ya están ahí y el valor para dar el primer paso. Mis deseos de ayer eran sueños, pero mis acciones de hoy son mi realidad.
Cierro este cuaderno por hoy con una sonrisa, porque aunque mañana el mundo siga siendo un caos, ahora sé que yo tengo el poder de encontrar mi propio orden.
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