Mi playlist del día y por qué cada canción me representa



LECTURA.- Si alguien quiere conocerme de verdad, que no me pregunte mi color favorito ni mi signo del zodiaco; que simplemente me pida que le comparta mi cuenta de Spotify. Hoy estuve pensando en eso mientras iba en el autobus, y el título de mi entrada de hoy es: Mi playlist del día y por qué cada canción me representa.

Siento que mi vida no tiene una sola banda sonora, sino que es un mix extraño que cambia según mi humor. Hoy, por ejemplo, empecé el día con una canción de pop hiperactivo. Ya sabes, de esas que tienen tanto ritmo que te obligan a caminar como si estuvieras en una pasarela aunque solo vayas por el pan. Me representa porque es mi "máscara" de lunes: esa energía que tengo que inventarme para convencer al mundo de que tengo todo bajo control, cuando en realidad solo quiero volver a mi cama.

Después, cuando estaba en el descanso y me sentía un poco fuera de lugar (como siempre que hay mucho ruido), pasé a ese ritmo melancólico que tanto me gusta. Esas canciones con guitarras lentas y letras que parecen que alguien leyó mi diario y le puso música. Me representa porque tengo esa parte que nadie ve: la que se cuestiona todo, la que se siente pequeña en medio de la gente y la que encuentra belleza en estar un poco triste de vez en cuando. Es como mi refugio personal.

Y para cerrar la tarde, mientras hacía la tarea, puse rock clásico o algo con mucha batería. Esa es la parte de mí que tiene ganas de rebelarse, la que está harta de las reglas y de que siempre me digan qué hacer. Me representa porque, aunque parezca una chica tranquila que siempre entrega las tareas a tiempo, por dentro tengo un incendio que solo se calma con un buen solo de guitarra.

Lo que he aprendido hoy es que mi playlist es como un espejo de mi desorden emocional. No soy una sola cosa; soy la suma de todas esas melodías. A veces soy un estribillo pegajoso y alegre, y otras veces soy esa nota alta y dramática que nadie se esperaba.

Al final, cada canción es un pedacito de mi historia que no sé cómo decir con palabras. Así que, mientras tenga mis audífonos puestos, siento que el mundo me entiende un poquito mejor... o al menos, que yo me entiendo a mí misma.

La tarde avanzó y, como si el algoritmo de la vida me estuviera leyendo el pensamiento, mi playlist dio un giro inesperado. Entré en esa fase que yo llamo "el modo aleatorio peligroso".

De repente, saltó esa canción. Sí, esa. La que tengo asociada con el verano pasado y con esa persona que ya no está en mi día a día. Fue como un balde de agua fría. Me representa en mi parte más terca: esa que se niega a borrar archivos que ya no sirven. Me quedé mirando por la ventana del cuarto, con el libro de Química abierto en la misma página desde hace veinte minutos, dejando que la letra me pegara justo donde duele. Es increíble cómo una melodía de tres minutos puede teletransportarte a un lugar al que juraste no volver.

Pero luego, para sacarme del pozo, el aleatorio decidió que era el momento de mi "guilty pleasure" (placer culposo). Sí, esa canción de reggaetón viejo o de pop súper comercial que me daría vergüenza admitir que me sé de memoria. En ese momento, solté el lápiz y me puse a bailar frente al espejo del clóset. Me representa porque, a pesar de mis dramas existenciales y mis crisis de identidad, sigo siendo una adolescente que solo quiere divertirse y olvidarse de que mañana hay examen. Es mi lado sin filtros, el que no intenta ser "cool" ni profundo, solo auténtico.

Lo que más me sorprende de mi playlist de hoy es cómo puede saltar de la depresión absoluta a la euforia total en un segundo. Y así soy yo, la verdad. Un minuto estoy analizando el sentido de la vida y al siguiente estoy obsesionada con un trend de TikTok.

Mi lista de canciones es el único lugar donde todas mis versiones conviven sin pelearse. La chica melancólica, la chica rebelde, la que extraña y la que quiere fiesta... todas están ahí, ordenadas en una cola de reproducción que solo yo entiendo.

Ya es de noche y acabo de quitarme los audífonos. Siento ese silencio extraño en los oídos, como cuando sales de un concierto y el mundo real parece demasiado plano, demasiado callado. He pasado todo el día saltando de género en género, de ritmo en ritmo, y me he dado cuenta de algo importante.

La moraleja de mi playlist es que no tenemos que ser una sola versión de nosotros mismos para ser auténticos. A veces nos presionan para "encajar" en una estética o en una personalidad: la chica deportista, la estudiosa, la alternativa o la popular. Pero la música me ha enseñado hoy que puedo ser todas esas cosas y ninguna a la vez. Puedo llorar con una balada a las cinco de la tarde y estar saltando con un ritmo urbano a las seis, y eso no me hace falsa; me hace humana.

He aprendido que mi playlist es mi sistema de defensa. Cuando el mundo se vuelve demasiado ruidoso, subo el volumen para protegerme. Cuando me siento sola, busco esa voz que canta exactamente lo que yo siento para saber que alguien más ya pasó por esto.

La música es el único idioma que no necesita explicaciones. No importa si mañana cambio de gustos o si borro la mitad de mis canciones guardadas; lo que importa es que hoy, cada nota me ayudó a entender un poquito más quién soy en este desorden que es crecer.

Al final, la vida es como una lista de reproducción en aleatorio: no siempre puedes elegir la canción que sigue, pero siempre puedes decidir cómo vas a bailarla.

Mañana seguramente encontraré un nuevo ritmo, pero por hoy, me voy a dormir con la melodía perfecta en la cabeza.


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