Otra vez lunes, qué sorpresa




LECTURA.- Son las 6:30 a.m. y mi alarma suena con esa cancioncita que antes me gustaba y ahora odio con todo mi ser. Abro un ojo, miro el techo y la primera frase que procesa mi cerebro es: "Otra vez lunes, qué sorpresa". Nótese el sarcasmo nivel experto, porque de sorpresa no tiene nada; el lunes es ese invitado pesado que llega a tu fiesta sin invitación y encima se acaba la comida.

¿Por qué el domingo dura cinco minutos y el lunes parece un año bisiesto? Siento que ayer apenas estaba empezando a ser feliz y, de repente, pum, realidad en la cara.

El ritual de la supervivencia:

  • Fase 1: Negación. Me quedo hecha un taquito con las cobijas pensando que si no me muevo, el tiempo se va a congelar. (Spoiler: No funciona).

  • Fase 2: El dilema del outfit. Miro el clóset como si fuera a encontrar la solución a mis problemas ahí, pero termino usando lo mismo de siempre porque mi cerebro no procesa colores antes del café.

  • Fase 3: El drama del espejo. Mi cara tiene ese aspecto de "no he dormido desde 2012" y mis ojeras ya tienen código postal propio.

Lo peor no es el sueño, es esa sensación de que el mundo entero se pone de acuerdo para estar de mal humor. El bus viene llenísimo, los profes parecen haber desayunado un libro de tareas y hasta el aire se siente más pesado. Es como si el lunes fuera un examen gigante para el que nadie estudió.

Pero bueno, aquí estoy, sentada en la última fila, escribiendo esto mientras espero que el timbre me salve. Al final, lo único bueno del lunes es que nos recuerda que sobrevivimos al anterior y que, técnicamente, falta un día menos para el viernes.

Si la vida fuera un videojuego, el lunes sería el jefe final de cada nivel. Y aunque hoy tenga ganas de tirar el control por la ventana, supongo que me toca seguir jugando.

Superviviencia nivel experto

Logré salir viva. Si esto fuera una película, ahora mismo estaría caminando en cámara lenta mientras todo el colegio explota detrás de mí. Pero la realidad es que estoy tirada en mi cama, con la mochila todavía puesta y una sensación de que mi cerebro tiene el cartel de "Cerrado por mantenimiento".

¿Cómo es posible que el lunes te consuma la batería social tan rápido? A las diez de la mañana ya sentía que había hablado con media humanidad y solo era la segunda clase.

El recuento de los daños:

  • Mates a primera hora: Un crimen de lesa humanidad. La profe explicando ecuaciones mientras yo apenas podía recordar cómo se escribía mi nombre. Creo que mi cuaderno ahora tiene más garabatos de "ayuda" que números.

  • El almuerzo "aesthetic": Intenté ser una chica organizada y llevé ensalada, pero terminé robándole papitas a Lucas porque el lunes pide carbohidratos y violencia, no lechuga.

  • La crisis del mediodía: Ese momento donde miras el reloj y piensas: "Seguro ya son las tres", y apenas son las doce y cuarto. Es el glitch más cruel de la simulación.

Lo más gracioso (o triste, no sé) es que a pesar de todo el drama que armé en mi cabeza esta mañana, el mundo no se detuvo. Los exámenes se hicieron, los chismes circularon y el sol salió igual. Al final, el lunes no es un monstruo, es solo un recordatorio de que somos capaces de aguantar cosas aburridas para llegar a las que nos gustan.

Ahora mismo, el lunes ya no me parece tan terrible. Quizás es porque ya pasó lo peor, o quizás es porque el café finalmente hizo efecto y ya no odio a todo el que respira cerca de mí.

Mañana es martes. Sigue siendo semana, sigue habiendo despertador, pero al menos ya no es EL lunes. Un paso a la vez, ¿no? Mañana intentaré que mi cara no diga "no me hablen" tan fuerte. Solo intentaré.


Otra vez lunes, qué sorpresa (Final: El manual de aterrizaje)

26 de enero de 2026 – 9:00 p.m.

Ya es de noche y el lunes está dando sus últimas patadas. Estoy aquí, con la pijama puesta y el skin care hecho (porque si voy a sufrir, por lo menos que sea con la cara hidratada), pensando en lo mucho que me quejé hoy.

Es curioso: nos pasamos todo el lunes odiándolo, deseando que se termine, contando las horas para que llegue el viernes... y en el proceso, se nos olvida que este día también es parte de nuestra vida. O sea, si sumamos todos los lunes del año, ¡pasamos casi dos meses quejándonos sin parar! Es un montón de tiempo desperdiciado en modo "hater".

La Moraleja de mi lunes infinito

"El lunes no es el problema, el problema es que esperamos que la felicidad solo ocurra los fines de semana. La vida no es una sala de espera para el viernes; es lo que pasa hoy, con ojeras, con sueño y con clases de mates a primera hora."

Hoy aprendí que no puedo controlar el calendario, pero sí puedo controlar cómo lo miro. El lunes es como un reset: un lienzo en blanco (aunque un poco arrugado) para volver a empezar. Si logré sobrevivir al día más pesado de la semana, puedo con lo que sea.

Así que, adiós lunes. No diré que te amo, porque sería mentir, pero te respeto. Mañana será martes y, aunque la alarma vuelva a sonar, ya no me va a pillar desprevenida. Ya sé que soy más fuerte que cualquier despertador.

Mañana más, pero mejor.


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