Mi vida en modo avión




LECTURA.- A veces siento que el mundo va a 4K y yo sigo tratando de cargar un video con una rayita de señal. Todo el tiempo es el mismo ruido: notificaciones, gente esperando que responda "ya mismo", el scroll infinito de vidas que parecen perfectas y esa presión invisible de que, si no estás conectada, básicamente no existes.

Así que hoy decidí activar mi propio modo avión.

No hablo de solo darle al botoncito del celular (aunque ayuda, no voy a mentir), sino de desconectarme de la señal de todo lo que me agobia. Estar en modo avión es como ese silencio raro que se siente cuando despega un vuelo: de repente, ya no importa lo que dejaste abajo. Solo estás tú, mirando por la ventanilla.

Lo que descubrí hoy:

  • El silencio no da tanto miedo: Al principio me sentía súper ansiosa, como si me estuviera perdiendo de un chisme épico o un meme mundial. Pero después de una hora, mi cabeza dejó de zumbar.

  • Mis pensamientos tienen voz propia: Sin la música de fondo o los audios de WhatsApp, me di cuenta de que tengo un montón de ideas guardadas que nunca dejo salir porque siempre estoy "ocupada" mirando lo que hacen los demás.

  • El tiempo rinde más: ¿Sabías que una tarde dura como tres años si no la gastas viendo TikToks de gatitos? Pinté un poco, terminé el libro que tenía en la mesa de luz y hasta me quedé mirando el techo un rato. Fue extrañamente... increíble.

Estar en modo avión no es querer huir para siempre, es solo darme permiso de aterrizar en mí misma un ratito. La señal va a volver, los mensajes van a seguir ahí y el mundo no se va a acabar porque no le di "like" a algo hoy.

Mañana quizás vuelva a conectarme, pero por ahora, me gusta mucho este clima de paz. Sin WiFi, pero con mucha más conexión.

Bueno, oficialmente volví a la civilización. Desactivé el modo avión y, de repente, mi celular empezó a vibrar como si tuviera un ataque de pánico. 147 mensajes en el grupo del colegio, 12 menciones en historias y un correo de la profe de mates que prefiero ignorar hasta mañana.

Lo raro es que, después de mi "retiro espiritual" de ayer, ver todos esos puntitos rojos de notificaciones ya no me dio esa ansiedad de tengo-que-verlo-todo-ya. Fue como mirar una fiesta desde afuera: se ve divertida, pero estoy bien aquí afuera tomando aire.

El desafío de no perder la señal (conmigo misma)

Lo difícil no es desconectarse, lo difícil es volver a conectarse sin perderse en el proceso. Hoy en el recreo todos estaban pegados a la pantalla comentando el drama de ayer de no-sé-quién y yo me sentí un poco como una alienígena. Por un segundo me sentí tentada a sacar el celu y hundirme con ellos para encajar, pero me acordé de la paz que sentí ayer y preferí quedarme ahí, simplemente existiendo.

Lo que aprendí en este regreso:

  • No todo es urgente: El 90% de lo que brilla en la pantalla puede esperar. El mundo no se detuvo porque no contesté el "JAJAJA" de Valen a los dos segundos.

  • La batería real es la mía: Si gasto toda mi energía mental en procesar la vida de los demás, me quedo en 1% para mis propios sueños.

  • El modo avión es una actitud: No necesito estar en medio de la nada para desconectarme. Puedo estar en el bus, ponerme los audífonos (aunque no suene nada) y simplemente mirar por la ventana.

Mi nuevo plan de vuelo

He decidido que mi "modo avión" no va a ser solo cosa de un día. Va a ser mi lugar seguro. Como una especie de botón de emergencia para cuando el ruido exterior sea más fuerte que mis propios pensamientos.

No quiero ser una señal intermitente que depende del WiFi para saber quién es. Prefiero ser yo, con o sin cobertura, pero siempre bien aterrizada.

Mi vida en modo avión (Final: El horizonte despejado)

27 de enero de 2026

Al final, esta semana de desconexión selectiva me enseñó algo que ninguna app me había avisado: vivimos con un miedo constante a quedarnos "fuera de cobertura", cuando el verdadero peligro es estar siempre disponibles para todos, menos para nosotros mismos.

Mirando mi celular ahora, entiendo que no es el enemigo; el problema era que yo lo usaba como un espejo para ver quién era, en lugar de usarlo solo como una herramienta. Mi "modo avión" no fue un berrinche contra la tecnología, fue una tregua conmigo misma. Aprendí que si siempre estoy buscando señal afuera, termino interfiriendo mi propia frecuencia interna.



"No necesitas cruzar el océano para cambiar de aire, a veces solo necesitas desconectar el WiFi para reconectar con tu alma. Estar 'fuera de línea' no es perderse de la vida, es empezar a vivirla sin filtros."

El mundo puede seguir girando a mil por hora, con sus tendencias, sus dramas y su ruido infinito. Pero ahora sé que, en cualquier momento, puedo apretar ese botoncito mental y volver a mi centro. La vida no ocurre en la pantalla, ocurre en los ojos de quien te mira, en el olor del café por la mañana y en esos silencios donde, por fin, logras escucharte.

Fin del vuelo. Inicio de la aventura real.



---


Compartir en google+ o Whatsapp

Hey... soy AGNUS® online

Soy AGNUS online. El Medio Digital que comparte los hechos y todas las curiosidades que ocurren en la red al estilo que siempre me ha caracterizado.
    Comentario
    Comentario Facebook

0 Comentarios:

Publicar un comentario