Amistades que se están alejando o nuevas que me están sorprendiendo



LECTURA.- Hoy me puse a ver fotos de hace apenas un año y se siente como si hubiera pasado una década. Es rarísimo cómo funciona esto de crecer: nadie te advierte que, mientras tú cambias, el mapa de tus personas favoritas también se redibuja. A veces, sin que nadie se pelee, simplemente... el volumen de la conexión se va bajando hasta que te quedas en silencio.

El duelo de los "vistos" y las risas que ya no encajan
Me duele admitirlo, pero siento que Sofía y yo nos estamos volviendo extrañas. Antes terminábamos las frases de la otra y ahora nos cuesta terminar una conversación de cinco minutos. Me manda un meme y no sé qué responder, o nos vemos y el silencio se siente pesado, como si tuviéramos que esforzarnos por ser las versiones de nosotras que ya no existen.

Es una mezcla de nostalgia y culpa. Me pregunto:

¿Fui yo la que cambió?
¿Fue ella?
¿O es que simplemente nuestros caminos dejaron de ser paralelos?

Da miedo soltar, porque soltar a una amiga de toda la vida se siente un poco como perder una parte de tu propia historia. Pero forzar las cosas es como intentar ponerse unos zapatos que ya te quedan chicos: por más que te gusten, terminan lastimándote.

La chispa de lo inesperado
Pero no todo es despedida. Lo que me tiene con una sonrisa extraña es lo que está pasando con Vale. Si me hubieran dicho el semestre pasado que ella se convertiría en mi refugio, me hubiera reído. Siempre pensé que no teníamos nada en común, pero el otro día, en esa hora libre que compartimos de pura casualidad, hablamos de cosas que nunca le he contado a nadie.

Es refrescante. Con las amistades nuevas no hay etiquetas, no hay expectativas de quién "deberías" ser. Ella me conoce como soy hoy, en este segundo, y no como la niña que era en primaria. Me sorprende cómo alguien que era un extra en mi vida, de repente, se está robando escenas enteras.

"A veces, las personas que mejor te leen son las que acaban de abrir tu libro".

Estoy en ese punto medio súper extraño. Un pie está en el pasado, despidiéndose de lo que fue, y el otro está en el presente, asustado pero emocionado por lo que viene. Supongo que de eso se trata madurar: de entender que los "para siempre" son hermosos, pero que los "por ahora" también pueden salvarte la vida.

El arte de soltar y el miedo a "empezar de cero"
Hoy fue uno de esos días en los que la realidad te golpea en la cara con un detalle tonto. Pasé por el locker de Sofía y la vi riéndose con un grupo de gente que yo apenas conozco. No me dolió porque estuviera con ellos, sino porque me di cuenta de que ya no sé de qué se ríe. El "idioma secreto" que teníamos se siente como una lengua muerta que ya nadie habla.

Por un momento, me dieron ganas de acercarme y actuar como si nada, de forzar esa risa exagerada que a veces usamos cuando queremos encajar. Pero me detuve. ¿Vale la pena intentar rescatar algo que ya no tiene pulso? Hay una regla no escrita que dice que tenemos que ser leales a la amistad "hasta el final", pero, ¿qué pasa si el final no es una pelea explosiva, sino simplemente un desvanecimiento lento?

La lealtad al pasado: ¿Tengo que seguir ahí solo por los recuerdos?
La lealtad a mí misma: ¿Es justo obligarme a estar donde ya no me siento cómoda?

Después, en la salida, me quedé platicando con mi amiga. Me di cuenta de algo increíble: con ella no tengo que explicar mis chistes. Ella no conoce a la "yo" de hace cinco años, así que no me juzga si hoy decido que me gusta un estilo de música diferente o si tengo una opinión nueva.

Es como si las amistades viejas fueran un espejo que te muestra quién fuiste, y las nuevas fueran una ventana que te muestra quién puedes ser.

"Crecer también es aprender a despedirse de personas que no hicieron nada malo, pero que ya no tienen espacio en tu presente".

El vacío no es malo
Me da un poco de vértigo pensar que mi círculo social se está moviendo tanto. Se siente como si las placas tectónicas de mi mundo estuvieran cambiando de lugar. Pero, por primera vez, el vacío no me asusta tanto. He decidido que no voy a borrar a Sofía de mi historia —ella siempre será la que me ayudó a sobrevivir a la secundaria—, pero voy a dejar de intentar que sea la protagonista de mi preparatoria.

Le voy a dejar el espacio libre a la gente que, como Vale, me está sorprendiendo con conversaciones que duran horas y silencios que no se sienten incómodos.

El balance del corazón
Anoche me quedé pensando en mi cuarto, mirando el techo, y finalmente lo entendí. Las amistades no son como las posesiones, que las guardas en una caja y esperas que se queden igual para siempre. Son más bien como las estaciones del año: algunas personas son tu verano, llenas de luz y energía, y otras son tu otoño, donde las hojas tienen que caer para que algo nuevo pueda nacer.

Mis conclusiones (después de mucho drama mental)
He llegado a un par de verdades que me han devuelto la paz:

No hay culpables, solo procesos: Que Sofía y yo nos estemos alejando no significa que ella sea mala o que yo sea una mala amiga. Solo significa que nuestras piezas del rompecabezas ya no encajan en el mismo dibujo. Y está bien.

La novedad es un regalo, no una traición: Al principio sentía que me "engañaba" a mi grupo de siempre por querer pasar tiempo con Vale. Pero ahora entiendo que el corazón no tiene un cupo limitado. Dejar entrar a alguien nuevo no borra a los que estuvieron antes.

La amistad debe ser un refugio, no una obligación: Si salir con alguien se siente como una tarea de matemáticas pesada, entonces algo anda mal. La verdadera amistad te debe dejar ser tú misma, sin filtros y sin miedo.

Si pudiera darle un consejo a la "yo" de hace un mes, que estaba llorando porque se sentía sola en medio de la gente, le diría esto:

"No te aferres a las manos que ya te soltaron. Mantén las tuyas abiertas, porque solo así podrás recibir las sorpresas que la vida te tiene preparadas".

Hoy acepto que mi círculo se está transformando. Me quedo con los recuerdos bonitos de lo que fue, pero camino hacia adelante con curiosidad. La amistad no se trata de quién estuvo ahí desde el principio, sino de quién está dispuesto a caminar a tu lado en la versión de la vida que estás viviendo justo ahora.

Cierro este capítulo con menos miedo y mucho más espacio para lo nuevo. Sofía siempre tendrá un lugar en mi álbum de fotos, pero Vale ya tiene un lugar en mis planes de mañana. Y, sinceramente, se siente increíble.

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