Si pudiera cambiar una regla del mundo o de mi casa



LECTURA.- Si tuviera una varita mágica para borrar una sola regla, creo que no elegiría algo gigante como "que no existan las guerras" (aunque obviamente sería genial), sino algo que afecta el ritmo de cómo vivimos todos los días. Si pudiera cambiar una regla, tanto en el mundo como en mi casa, sería la idea de que "ser productivo es lo único que nos da valor".

En mi casa: El mito de "no estar haciendo nada"
Aquí en mi casa, si me ven sentada en el sillón mirando por la ventana o simplemente acostada escuchando un álbum entero, la respuesta automática de mi mamá es: "¿Ya terminaste la tarea? Si estás aburrida, ponte a lavar los platos".

Parece que el descanso es un pecado. Existe esta regla no escrita de que si no estás produciendo algo, estudiando o limpiando, estás desperdiciando tu vida. Yo cambiaría eso por una regla que diga: "El tiempo para pensar y simplemente 'ser' es sagrado". A veces, las mejores ideas me vienen cuando no estoy haciendo nada, pero me obligan a interrumpir mi mundo interno por una obligación externa que podría esperar diez minutos.

En el mundo: La carrera que no termina nunca
Y si lo llevamos al mundo, es lo mismo pero peor. La regla social es que tienes que ir a mil por hora. Tienes que ser la mejor en clase, tener el mejor perfil en Instagram, hacer deporte, aprender tres idiomas y, encima, "disfrutar tu juventud". ¡Es agotador!

Si yo pudiera cambiar esta regla, el mundo funcionaría de otra forma:

Menos prisa, más profundidad: No se premiaría al que termina más rápido, sino al que disfruta más el proceso.

El éxito no sería una cifra: Ni en la cuenta del banco, ni en las notas del examen. El éxito sería qué tan en paz estás contigo mismo.

"Nos enseñan a correr antes de saber a dónde queremos ir".

¿Por qué cambiaría esto?
Porque siento que todos estamos viviendo en modo automático. Mis papás están estresados por el trabajo, mis amigos están ansiosos por el futuro y yo... yo a veces siento que me falta el aire. Si elimináramos la regla de la "productividad infinita", creo que seríamos más amables. No habría tanta competencia tóxica y dejaríamos de sentirnos culpables por dormir un domingo hasta tarde o por pasar una tarde pintando sin que el cuadro tenga que ser una obra maestra.

Al final, si pudiera cambiar esa regla, nos daría a todos el permiso de ser humanos y no máquinas. Y creo que eso nos hace falta más que cualquier otra cosa.

Anoche, después de escribir sobre la productividad, me quedé pensando en por qué nos da tanto miedo esa regla. ¿Por qué mis papás se ponen tan nerviosos cuando me ven "sin hacer nada"? Y la respuesta me asustó un poco: creo que es porque, cuando dejas de correr, te ves obligado a escucharte.

La regla del "ruido constante"
Si pudiera cambiar otra regla derivada de la anterior, sería esa obligación social de estar siempre conectados. En el mundo real, parece que la regla es: "Si no lo compartes, no pasó; y si no respondes el mensaje en tres segundos, no te importa".

En mi casa, esto se traduce en que el silencio es "raro". Si hay silencio, es que alguien está enojado o algo malo pasa. Pero, ¿por qué no podemos simplemente estar en la misma habitación, cada quien en su rollo, sin la presión de llenar el vacío con ruido o con tareas pendientes?

Lo que pasaría si el mundo se detuviera (un poquito)
Si mañana mi nueva regla entrara en vigor, pasarían cosas increíbles:

Las cenas familiares no serían un interrogatorio sobre mis notas o mi futuro. Serían sobre cómo nos sentimos o qué sueño raro tuvimos anoche.

Ir al colegio no se sentiría como ir a una fábrica de memorizar datos, sino como un lugar para descubrir qué nos asombra.

Mis redes sociales dejarían de ser una vitrina de "mira qué ocupada y feliz estoy" para ser un espacio real.

"A veces siento que estamos tan ocupados construyendo una vida que nos olvidamos de vivirla".

El experimento de hoy
Hoy decidí aplicar mi regla en secreto. Cuando terminé de comer, en lugar de saltar de la silla para lavar los platos por inercia o revisar el celular, me quedé sentada dos minutos más. Solo mirando cómo entraba la luz por la ventana.

Mi mamá me miró raro. Me preguntó: "¿Te sientes mal?". Le dije que no, que me sentía perfectamente. Y fue verdad. Por dos minutos, no fui una estudiante, ni una hija con deberes, ni una adolescente con crisis existencial. Solo fui yo.

El derecho a la pausa
Hoy tuve una especie de "choque de realidad". Estaba intentando mantener mi nueva regla de no correr, pero el mundo exterior no recibió el memo. Tuve tres exámenes, un ensayo pendiente y el grupo de WhatsApp de mis amigas estaba estallando con drama. Por un segundo, casi me rindo y vuelvo a esa inercia de sentir que si no estoy estresada, no lo estoy haciendo bien.

Pero entonces, ocurrió algo pequeño. Vi a mi papá sentado frente a la computadora, suspirando con los hombros tensos, y me di cuenta de que él también es víctima de esa regla invisible. No es que no me deje descansar porque sea malo, es que él se olvidó de cómo se hace.

Al final del día, entendí que no necesito que el gobierno cambie una ley ni que mis papás publiquen un manifiesto en la puerta del refrigerador. La regla más importante que tengo que cambiar es la que vive dentro de mi propia cabeza.

Si yo misma no me doy permiso de frenar, nadie más lo va a hacer por mí. El mundo va a seguir exigiendo, el reloj va a seguir corriendo y las expectativas van a seguir ahí, flotando. Pero yo puedo elegir no ser parte de esa carrera que no tiene meta.

Después de estos días de reflexión, me quedo con esto:

El descanso no se gana: No es un premio por haber trabajado mucho; es una necesidad biológica y mental, como respirar.

Aburrirse es un superpoder: En un mundo lleno de pantallas, dejar que la mente se pierda en el vacío es donde nace la verdadera creatividad.

Tu valor no es un gráfico: No eres una acción en la bolsa que sube o baja según tus notas o tus logros. Tu valor es constante, estés haciendo mucho o absolutamente nada.

Nota para cuando me sienta abrumada: No soy una máquina que necesita reparación; soy un ser humano que necesita espacio.

Cierro este tema en mi diario sintiéndome un poco más rebelde, pero de la forma correcta. Mi nueva regla de oro es: "Estar presente es más importante que estar ocupada". Quizás no cambie el mundo entero mañana, pero definitivamente acabo de cambiar el mío.


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