Mi crush respondió con "jaja" y ahora quiero desaparecer



LECTURA.- Oficialmente, me retiro de la vida social. Borren mi nombre del registro civil, cambien mi identidad y mándenme a una cueva sin señal de Wi-Fi. Mi tragedia en tres actos es: Mi crush respondió con "jaja" y ahora quiero desaparecer.

¿Cómo es posible que dos sílabas tengan el poder de destruir toda mi dignidad? Ahí estaba yo, armándome de valor durante tres días, consultando con mis amigas sobre qué poner, borrando y reescribiendo hasta que el mensaje quedó "perfecto". Fue una mezcla de humor, interés genuino y un toque de misterio. Un mensaje nivel profesional. Y él... él simplemente puso: "jaja".

Ni un emoji. Ni una pregunta de vuelta. Ni siquiera un "jaja" con muchas "a" que indicara una risa real. Solo un "jaja" seco, cortante, como un muro de concreto frente a mis sentimientos.

Siento esa vergüenza caliente que te sube por las mejillas y te hace querer enterrar la cabeza en la almohada hasta que pasen cien años. Me siento tan tonta por haber analizado cada palabra, por haber esperado esa notificación con el corazón en la garganta, para terminar recibiendo el equivalente digital a un "no me interesa hablar contigo".

En momentos así, mi mente empieza a sabotearme. Me pregunto por qué me arriesgué, por qué siempre tengo que ser la que pone más esfuerzo o por qué le di tanta importancia a alguien que ni siquiera puede escribir una frase completa. Es increíble cómo un simple chat puede hacerte sentir tan pequeña y tan expuesta, como si hubiera dejado mi corazón abierto y él le hubiera pasado por encima con un camión de indiferencia.

He pasado las últimas dos horas en un ciclo infinito de "autoboicot". Releí mi mensaje mil veces buscando dónde estuvo el error. ¿Fui muy intensa? ¿Fue un chiste malo? ¿Acaso el punto final que puse al terminar la frase me hizo sonar como una psicópata? Es agotador cómo una sola palabra puede hacerme dudar de toda mi personalidad.

Pero luego, en medio de mi drama, vi un mensaje de mi mejor amiga que decía: "Oye, ¿viste la tarea de mate?". Y ahí me cayó el veinte. A ella le contesté rápido, sin pensar, siendo yo misma. Con ella no tengo que medir cada coma ni temblar antes de darle a "enviar".

Me di cuenta de que el problema no es mi mensaje, ni siquiera es su "jaja". El problema es el pedestal gigante donde lo puse. Le di las llaves de mi estado de ánimo a alguien que probablemente escribió eso mientras veía un video de YouTube y se rascaba la oreja. Él no está en su cuarto sufriendo por mi gramática; él ya se olvidó del chat.

Mañana voy a tener que verlo en el pasillo y el plan es este: no voy a salir corriendo al baño, ni voy a agachar la mirada como si hubiera cometido un crimen. Voy a saludar como si nada, porque lo que yo siento es valioso, pero no es una debilidad. Si él no sabe sostener una conversación, el que se está perdiendo de alguien interesante es él. Yo ya hice mi parte siendo auténtica. Ahora me toca recuperar mi energía y dejar de gastarla en alguien que solo me devuelve monosílabos. Mi dignidad vale más que cualquier respuesta de dos letras.

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